Te lo
traje de Europa: Paciencia,
por Helios Herrera
A
quien no sigue caminando le rebasan miles; luego entonces, dejar
de avanzar es retroceder.
Efectivamente, la competitividad y
exigencia del mundo moderno nos ha obligado a incrementar la velocidad
con la que vivimos. Hoy queremos todo rápido y desechable.
Los niños ya no pueden llevar su
cantimplora de agua de limón en la lonchera; ésta ha sido sustituida
por alguna bebida energetizante que su mamá no preparó, pero sí pagó.
Acto éste que le hace sentir que su responsabilidad quedó satisfecha
y que su intervención en la nutrición de su hijo está controlada.
La realidad es que el niño consume
demasiada azúcar refinada, el medio ambiente recibe millones de botellas
plásticas en uno de los ecocidios más absurdos de nuestro tiempo y el
niño no tiene idea, porque nunca ha tenido oportunidad de aprender, que
el azúcar debe disolverse primero en el agua antes de agregar el acido
cítrico del limón; de grande (y de chico) no sabrá preparar limonada.
Los matrimonios se planean como campañas
de marketing, se anticipan resultados y objetivos, casi nacen con conciencia
de finitud.
Los jóvenes recién graduados esperan
recibir promociones y grandes sueldos en menos de dos años, pretendiendo
que conocimiento es experiencia; y no digo que antigüedad lo sea, pero
los vinos maduran con un específico proceso.
En este atropellado devenir cotidiano,
hemos olvidado que el proceso es tan importante como el resultado, que
el paisaje es tan hermoso como el destino, que la felicidad es disfrutar
del camino recorrido hacia el éxito.
Recuerdo que mi profesor de matemáticas
nunca dio por bueno el resultado en un examen si no estaba correcto el
procedimiento de la operación, tan importante uno... como el otro.
En mi tercera incursión por el viejo
continente, combiné placer con trabajo y tuve oportunidad de enfocar mi
atención en matices diferentes a los viajes previos; cada vez que Europa
te recibe... si tú te dejas, te enseña algo.
En esta ocasión, no dejé de maravillarme
por la maestría en los detalles de tantas obras de arte, me extasié--literalmente--hasta
el cansancio, de recorrer historias e imaginar encuentros en cada cuadro,
en cada construcción, en cada esquina en la que el viejo continente te
obsequia con alimento para el alma, pero tal vez la reflexión más profunda
que he traído en la cabeza es... paciencia.

Así, en la hermosísima Catedral
Sevillana, como en la impactante y no menos hermosa Mezquita de Córdova,
tanto como en “Las Meninas” de Velázquez al igual que en “La Lechera
de Burdeos” de Goya, como en la majestuosa perfección del Palacio de
Versalles y en la fineza y delicada expresión de la Torreo de Oro, paso
a paso en el Museo Del Prado, cada obra, cada testimonio que descubres
al sólo caminar es testimonio de grandeza, dedicación y perfección humana.
Pero todas estas obras tienen también
un común denominador, mismo que había pasado inadvertido para mí en
mis vistas anteriores... paciencia.
La Catedral Sevillana por ejemplo
necesitó más de 70 años para abrir sus puertas con todo su esplendor,
mientras que para la Mezquita fueron necesarios casi 300 y el compromiso
de tres generaciones de Califas para terminar los más de 50,000 metros
cuadrados que hoy la conforman.

Los grandes lienzos de las obras de
arte ostentan toda su excelencia después de tan solo 9 ó 10 años de
trabajo diario y comprometido de sus autores, mientras que fueron necesarios
más de 65 años para terminar los diseños y materializar los sueños
de Luis XIV para erigir los Jardines de Versalles con todo y sus más de
800 hectáreas de arte en vida.

Todas estas obras son testimonio de
perfección, han trascendido la vida misma de sus autores e incluso, en
no pocos casos, se han convertido en el legado de herederos que dedican
también parte de su vida (si no es que toda) a engrandecer la obra de
sus antecesores.
Por otro lado, tuve la oportunidad
de conocer y trabajar para líderes de multinivel europeos. Personas de
extraordinaria calidad moral y abundante sonrisa. Cada uno con historias
de vida impresionantes que a manera de testimonio comparten con sus grupos
en sus convenciones. Todos viviendo vidas de abundancia prácticamente
sin límites; todos habiendo empezado con una mano adelante y otra atrás;
todos afectando positivamente la vida de miles de familias. Pero todos
también, con más de 15, 17 ó 22 años de trabajo constante y comprometido,
no hicieron sus redes de abundancia en un año... ni en dos. Viven la abundancia
después de un esfuerzo sostenido, han construido un emporio para los suyos
y para las generaciones del futuro.
Así pues, tengo preguntas para ti:
-
¿Tu proyecto de vida es desechable e
inmediato?
-
¿Consideras que conocimiento es experiencia?
-
¿La base de tu trascendencia está fundamentada
en ascensos vertiginosos?
-
¿Reconoces que parte del resultado está
implícito en el proceso?
-
Si tú o yo fuéramos el Califa de Córdoba,
el rey de Francia o el pintor diestro... ¿tendríamos el valor de soñar
nuestros sueños tan grandes como para comprometernos varios años a construirlos?
¿O buscaríamos en dos o tres meses la excusa perfecta para abortarlos?
Por supuesto, otras personas decidirán
enfocarse en sus objetivos con visión de futuro; vivirán 50 años más,
ó 30 ó 20... y contemplarán el éxito de otros que sí estuvieron dispuestos
a pagar el precio de los sueños que ellos mismos tenían, y se preguntarán
si la excusa que se dieron a sí mismos para claudicar de su proyecto realmente
era tan fuerte como para renunciar a lo que ahora ven real en otros líderes
que sí avanzaron.
Al final, no importa la marca... el
producto... o el esquema, sea en el multinivel, en la carrera tradicional
y corporativa, en la pintura o en el deporte, al final, no basta la excelencia
y la pasión. Hace falta para construir una obra digna de trascender, también
de paciencia y esfuerzo sostenido mucho tiempo.
Por más que corras, las cosas tienen
un tiempo, “mientras que una pareja de seres humanos crean a un bebe
en nueve meses, nueve parejas juntas no lo hacen nacer en un mes.”
Piensa, Reflexiona
y Actúa.
ACERCA
DEL AUTOR
Helios
Herrera es consultor en desarrollo humano y productividad, conferenciante
y escritor.
Está disponible
para compartir tus inquietudes en: helios@benesta.com.mx |
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